72 años del asesinato de Mussolini

Tal día como hoy, un 28 de abril de 1945, Benito Mussolini y su amante Clara Petacci intentaban salir del país con destino a Suiza. Eran los últimos días de la última gran guerra cuando Il Duce lo vio todo perdido. Su huida fue frustrada por un grupo de partisanos que reconocieron a la pareja, la fusilaron y la colgaron de unos ganchos para su exposición pública en Milán. Eso dicen los libros de historia. Pero un documental emitido el 29 de agosto por la cadena RAI-3 puso en entredicho la versión oficial de la muerte del último César italiano.

No fueron los partisanos, sino agentes secretos británicos los que acabaron con la vida de Mussolini. Y lo hicieron cumpliendo una orden directa del mismísimo Winston Churchill. ¿De dónde sale ahora esta teoría? El documental emitido por la RAI, titulado “Mussolini, la última verdad” está basado en las investigaciones del ex espía estadounidense Peter Tomkins y la periodista italiana María Luisa Forenza. Pero también cuenta con un testimonio esencial: el del en aquel entonces octogenario Bruno Giovanni Lonati, el hombre que, según él mismo admite, apretó el gatillo que segó la vida del dictador el 28 de abril de 1945. Él fue quien disparó contra Mussolini y su compañero, un tal capitán John, asesinó a la amante de Il Duce.

Bruno Giovanni Lonati, finalmente, tenía algo más para agregar: si bien él efectivamente era un partisano y había disparado contra Mussolini, la orden de ejecución contra el dictador se la dieron directamente agentes del servicio secreto británico.

Esta confesión, que ha sido mantenida con firmeza por Lonati hasta su muerte, y avalada por algunos historiadores especializados en la II Guerra Mundial como el norteamericano Peter Tompkins, contradice la versión oficial que asegura que el autor de la muerte de Mussolini fue el partisano Walter Audisio, conocido como el ‘coronel Valerio’, junto a dos compañeros, Michele Moretti y Aldo Lampredi. En 2002 el periodista e historiador Luciano Garibaldi confimó la versión de Lonati gracias a nuevas pruebas publicadas en su libro “La pista inglesa. Quien mató a Mussolini y a Petacci” (Editorial Ares).

¿Por qué ese interés de Churchill de cerciorarse de la muerte de Mussolini cuando la guerra ya tocaba a su fin? Según el documental de la RAI, el líder británico tenía más cosas en común con el italiano de lo que a primera vista pudiera pensarse. Singularmente, un odio visceral al comunismo. Bajo esa premisa, Churchill y Mussolini habrían intercambiado correspondencia que, con la guerra a punto de acabar, el premier británico pretendía ocultar a cualquier precio.

Aquel 28 de Abril de 1945, todo se habría dado de “maravillas” para Churchill. Mussolini siempre viajaba con una valija cargada de su correspondencia más secreta y confidencial, también (obviamente) las cartas de Churchill. En aquella jornada se dio la chance de exterminar todo de un plumazo: Mussolini, su mujer y las cartas comprometedoras para el flemático e inmoral primer ministro inglés. Todo fue destruido. Y lo cierto es que, si las cartas existieron realmente, el primer ministro británico consiguió su objetivo porque de la supuesta bolsa con documentos confidenciales que Mussolini llevaba en el momento de su muerte, nunca más se supo. Incluso una investigación abierta hace veinte años por el Archivo del Estado Italiano para revisar documentos privados de los presidentes del país naufragó en su intento de localizar las misivas.

El documental relataba que, tras la efectiva acción de los dos agentes, los cadáveres del dictador y su amante habrían sido abandonados en un descampado y traslados posteriormente a la orilla del lago Como, donde los libros de historia situaban hasta ahora el fusilamiento.

Las revelaciones del anciano ejecutor del Duce, generaron opiniones a favor y en contra. Según informaba en su momento Efe, el historiador Aurelio Lepre, autor de una reciente biografía de Mussolini, ha mostrado su excepticismo sobre el asunto. sobre todo por sus dudas de que alguien tan listo como Churchill hubiera escrito cartas de su puño y letra al dictador italiano. El hecho es que las supuestas cartas que nadie ha visto son la clave de todo el tema.

Lo maquiavélico de los actos perpetrados por Winston Churchill, Primer Ministro británico durante los oscuros días de la segunda guerra mundial, no siempre han ocupado la primera plana de los diarios y mucho menos han sido los que más se han destacado en los relatos que hablan de lo que hizo o lo que dejó de hacer ese hombre que goza de gran reputación en la “historia oficial”. Churchill fue un verdadero criminal, impulsó a Polonia a un enfrentamiento suicida con Alemania, fue el verdadero artífice del inicio de la Segunda Guerra Mundial, le tendió una trampa a Rudolf Hess en 1941, haciéndole creer que efectivamente estaba llevando adelante tratativas de paz, lo cual está expresamente previsto por la Ley Internacional como Crimen de Guerra. Fue el impulsor de los bombardeos terroristas y del ataque a submarinos alemanes que estuvieran auxiliando a náufragos. Todos su actos son los clásicos de un criminal de guerra. Debería haber sido el principal encausado en un Tribunal de Justicia por Crímenes de Guerra.

 

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