La Gestapo (por Felipe Botaya)

Primera Parte:

Durante este verano y entre otras actividades interesantes, he leído el libro “The Gestapo: The Myth and Reality of Hitler’s Secret Police” de Frank McDonough, editorial Hodder and Stoughton, Londres, 2015. El Dr. Frank McDonough, es profesor de Historia Internacional en la Liverpool John Moores University y se puede decir sin temor a equívoco que no es ningún defensor del régimen de Hitler o algo remotamente ligado a ese período en Alemania. Creo que el Dr. McDonough sigue la tradición clásica de los grandes historiadores británicos, donde se puede encontrar un equilibrio correcto entre objetividad, datos, situaciones y exposición clara y directa de los acontecimientos. De todas formas y eso demuestra su buen hacer, el Dr. McDonough concluye con algo que resulta sorprendente y que rompe ideas preconcebidas sobre la Gestapo en Alemania.

Tras haberse preguntado por la vileza asumida por todos sobre la Gestapo, termina lamentándose cómo la Gestapo pudo escabullirse tan fácilmente tras la guerra… El Dr. McDonough a través de documentos originales nos dice que la Gestapo fue una fuerza de policía eficaz, pequeña en número y no un supuesto terror omnipresente de un estado basado supuestamente también en el terror. La Gestapo era muy escrupulosa a todos los niveles con hechos y exactitud en los datos, focalizándose en el reclutamiento de graduados universitarios, particularmente a nivel de doctorado, mientras mantenían los servicios de muchos no-nazis del régimen de Weimar, que eran policías de carrera. Llegaban rápido a conclusiones basadas en una investigación objetiva y rechazando rápido también muchas acusaciones que les planteaban sin base sólida.

El libro abre su exposición con el “primer predicador Evangélico Protestante muerto por desafiar el régimen nazi por motivos religiosos”, Paul Schneider, en Buchenwald en 1939. Se le encarceló allí en 1937, tras haber sido avisado en varias ocasiones sobre su crítica sobre el régimen, incluyendo su ridiculización del mártir de las SA Horst Wessel. Fue liberado por la presión de sus feligreses. Cuando murió, unos 200 sacerdotes locales y una multitud de feligreses asistieron a su funeral. Viendo esto, uno puede preguntarse varias cosas como hace el Dr. McDonough: ¿Por qué ese estado monstruoso no eliminó a Schneider en 1933, cuando empezó a criticar al régimen? ¿Por qué se le dieron tantos avisos? ¿Por que un supuesto régimen de terror aceptó la presión de sus feligreses? ¿Por qué recibió un funeral público popular, cuando podía haber sido ejecutado silenciosamente y dar públicamente cualquier pretexto oficial?

Según McDonough, a pesar de “que la imagen popular y de la historiografía oficial del régimen nazi como aquel que todos seguían a Hitler y de que sufrían un lavado de cerebro, así como que la Gestapo era una “organización enorme con agentes en todos sitios”, en realidad cualquier persona que aceptase y apoyase el régimen disfrutaba de una enorme libertad individual. El régimen de Hitler era inmensamente popular. Una vez uno apreciaba este factor esencial, empezaba a entender la realidad de la vida dentro de la Alemania del Führer”. En 1969 el autor Martin Broszat en su libro “Hitler State”, se cuestionaba la imagen del estado nazi y denominaba a Hitler como un “dictador blando”, que presidía muchas facciones. El estudio de 6 volúmenes bajo su dirección “Bavaria in the National Socialist Era”, y examinando la resistencia al mandato nazi, concluye que el régimen no era totalitario como se asume y que “había mucha mayor libertad para criticar”.

El historiador alemán Reinhardt Mann examinó los archivos de la Gestapo de Düsseldorf y descubrió que el aparato policial no era omnipresente, que la organización era muy pequeña. En la Gestapo no eran “nazis brutales y comprometidos ideológicamente”, sino generalmente detectives veteranos. El análisis de Mann, nos dice McDonough, fue la base de lo que se conoce como la “interpretación revisionista” de la Gestapo. El historiador norteamericano Robert Gellately mostró en su libro de 1990 “The Gestapo and German Society”, que la Gestapo tenía el apoyo público y que no fue nunca una amenaza para los ciudadanos respetuosos con la ley en la Alemania de Hitler”. El también historiador norteamericano Eric Johnson en su libro de 1999 “The Nazi Terror”, basado en archivos judiciales desde Colonia hasta Krefeld y entrevistas, mostraba que los alemanes fueron tratados con “guantes de seda” y que la mayoría de los ciudadanos no temían a la Gestapo”. Difiere de Gellately al considerar a los oficiales de la Gestapo como más proactivos y brutales. Mientras estos análisis y estudios se limitaban a algunas localidades, McDonough trabajó un estudio más amplio en los archivos de la Gestapo.

Como toda policía, la Gestapo confiaba en la gente para la información sobre los enemigos del estado. La asunción generalizada de que denunciar a alguien en la Gestapo quería decir torturas o campos de concentración es errónea. La Gestapo dedicaba una “enorme cantidad de tiempo en los casos y muchos acababan liberados sin cargos o sorprendentemente con un castigo indulgente”. La duración máxima para prisión preventiva era de 21 días, pero la Gestapo trataba de resolver los casos antes de ese plazo. El soltar a alguien en prisión preventiva “era la norma, no la excepción”. McDonough nos dice que la Gestapo siguió “criterios legales muy estrictos”. La Gestapo tenía mucha autonomía dentro de su propia estructura. Algunos casos que tenían pena de muerte “eran en muchas ocasiones liberados sin cargos”, mientras otros que parecían triviales recibían un castigo duro. Todos los casos se investigaban profundamente.

El historiador también entra en los orígenes de la Gestapo, y alude a que Alemania siempre tuvo una larga tradición de “espionaje político”. Menciona las acciones de Ludwig de Baviera que tenía los subversivos de las cervecerías debidamente espiados en 1848 y la creación de la policía política en Prusia en 1871. De todas formas no era una manía específica de Alemania o de Prusia. Adam Zamoyski nos muestra que espiar a los subversivos, con especial énfasis en los masones y otras sociedades secretas, alcanzó niveles obsesivos tras las guerras con la Francia jacobina y napoleónica, solicitada por la Austria de Metternich. La policía política y vigilancia de la Alemania de Hitler, parece infantil en comparación con la red de informadores, espías y “abre-cartas” de las estafetas de correos en Alemania, Austro-Hungría, Rusia e Inglaterra durante el siglo XIX. La Gestapo surgió de lo que el partido socialista-nacional heredó de Prusia, un aparato de policía que antes de 1933 había controlado al partido nazi y llevó a cabo 40.000 persecuciones contra los nazis en ese estado.

La omnipresencia de la Gestapo es otro mito. En 1933 empezó con 1.000 empleados. Hacia el final de la guerra tenía 32.000, incluyendo toda la estructura administrativa (La RDA tenia a 180.000 en la Stasi… y era sólo media Alemania…). Las ciudades y pueblos tenían claramente un déficit de estructura policial secreta. Por ejemplo Colonia en 1942 tenía 69 oficiales. El director de la Gestapo, Heinrich Müller (llamado “Gestapo Müller”), era un policía de carrera durante las eras del Kaiser Guillermo y la República de Weimar. No se unió al partido Socialista Nacional hasta 1939. Todos los jefes de sección en Berlín eran también policías de carrera y muchos graduados universitarios. Sólo uno era miembro del partido antes de 1933. Los métodos utilizados eran los mismos que los de la policía criminal regular. Sin embargo, “se ampliaron las técnicas de interrogación”. También estaba la SD (servicio de seguridad), que McDonough relaciona con los asesinatos móviles en el Este. Los restantes jefes regionales eran en su mayoría policías de carrera, con carrera universitaria y muchos doctorados, como he dicho anteriormente.

“Los altos mandos de la Gestapo parecían estar en una reunión académica más que la sala de un departamento de policía”. A finales de los años 30, una carrera universitaria especialmente en leyes, era considerada como más importante que la experiencia policial. Los oficiales de “rango y archivo” eran policía de carácter regular, que incluso en Nurenberg y bajo la desnazificación, fueron mayoritariamente exonerados de “crímenes contra la humanidad”. Fueron capaces de demostrar que se comportaban por sí mismos de una forma profesional y eficiente.

Segunda Parte:

Los policías de la República de Weimar que acabaron siendo agentes de la Gestapo, habían pasado por duras experiencias. Durante esa república desastrosa, tuvieron que tratar con asesinos, violadores y bandas de gangsters. Por ello, estaban experimentados en el “arte del interrogatorio detallado”. De todas formas, la Gestapo no era desmesuradamente inhumana de acuerdo a los métodos policiales y leyes de esa época, no sólo en Alemania, sino en comparación con las democracias. A los oficiales de la Gestapo se les daban instrucciones detalladas para la investigación de los casos y con todos los detalles. Un abogado de oficio y un juez de investigación también participaban en las pesquisas.

McDonough nos da una convincente y rompedora descripción como sigue: La asunción de que la Gestapo arrestaba a personas, los interrogaba brutalmente y luego los enviaba a un campo de concentración, era y es un mito. Cada caso era tratado exhaustivamente antes de cualquier decisión sobre la aplicación de un castigo. Muchos de los arrestados acababan dentro del sistema convencional de justicia y eran acusados por crímenes concretos. Enviar a alguien a un campo de concentración era siempre el “último cartucho”, sobre todo para el ciudadano corriente que no estaba en conexión con ningún grupo de oposición. Y como ya se ha dicho antes, muchos eran puestos en libertad sin cargos.

Al mismo tiempo que el socialista nacional Wilhelm Frick se convertía en el Ministro del Interior, la nazificación de la policía no siguió un proceso riguroso. McDonough nos dice que ser miembro del partido socialista nacional, no era un requisito para formar parte de la policía política y luego de la Gestapo, sino la experiencia policial. Sólo el 7,3% de los oficiales de policía fueron purgados cuando Hitler llegó al poder. Es curioso que asumiendo que la llegada del socialismo nacional al poder fue una revolución social, McDonough dice algo muy cierto, fue la menos sangrienta de la historia en comparación con las revoluciones que marcaron el comienzo de la era democrática, como la de los Jacobinos y la exterminación de la Vendée o los bolcheviques con sus millones de muertos.

Mientras el jefe de la Gestapo Rudolf Diels, que era un oportunista, dijo en Nuremberg que hasta 7.000 políticos de la oposición fueron eliminados por las SA en el primer año de gobierno Socialista Nacional, McDonough rebaja esa cifra hasta menos de 1.000, y además añade que en la Gestapo eran sobre todo veteranos que trataron de contener a las SA. Hay varios temas en este punto: esta acción autónoma de las SA, en conflicto con otras secciones del partido y el gobierno, es una indicación de la manera en que el régimen de Hitler no era tan totalitario como se suponía y estaba lleno de facciones, con la persona de Hitler tratando de manejar diferentes elementos incluso durante la guerra. El testimonio de Diels en Nuremberg sobre las víctimas de las SA, cuestionado por McDonough, es un ejemplo de los testimonios erróneos o exagerados en el proceso. ¿Entonces por qué creer en cada uno de ellos sin poner esos testimonios bajo escrutinio, análisis y dudas? Razones habrán…

El partido comunista tenía sus propias fuerzas de asalto, la Liga de los Luchadores del Frente Rojo. La lucha callejera entre los nazis y los rojos fue un asunto sangriento. Incluso las bajas entre la policía (1928 a 1932) por la violencia comunista fueron de 11 muertos y 1.121 heridos. Durante el mismo período las bajas nazis por la violencia roja fue de 128 muertos y 19.769 heridos. Que la venganza de las SA en menos de 1.000 comunistas muertos parece remarcablemente pequeña por todos esos años de enfrentamientos.

En Agosto de 1933 se había limitado a las SA y desmontado su “policía auxiliar”, se reforzaron las regulaciones más estrictas y la Gestapo, apoyada por la policía, fueron los únicos servicios estatales facultados con “custodia preventiva”. Hans Frank, Ministro de Justicia en Munich, estaba entre los más duros contra las SA y su maltrato a los oponentes. Las SS tomaron el control de los campos de trabajo. Había un código muy estricto para el trato a los internos. Un caso de dos opositores que habían sido maltratados y enviados al campo de concentración de Oranienburg por la Gestapo en Berlín, resultó que la investigación encontró culpable a la Gestapo. Cuando uno ve algo así se pregunta ¿Cómo este estado socialista nacional, paradigma del terror y la maldad “oficial”, inició una investigación de maltrato a dos opositores por la policía política del estado? Esta forma de proceder era inusual en cualquier país o gobierno en aquel lejano 1933 e incluso hoy lo sería.

Con el escrutinio de Frick, entre las alegaciones de maltrato en los campos de trabajo, Himmler se dirigió en una conferencia a la Gestapo en Octubre de 1934, diciéndoles que con sus poderes de “custodia protectora”, deberían asegurar que en todos los casos eran manejados rápida y eficazmente, con cortesía y que ningún ciudadano leal debería sentir miedo de ser arrestado. En 1935, se le dio a la Gestapo jurisdicción sobre los campos de trabajo, a pesar de que continuaban siendo gestionados por las SS.

Los grupos de la oposición fueron investigados como una amenaza a la comunidad nacional. McDonough nos dice que el número de campos de trabajo hasta el inicio de la guerra no se incrementó de forma notable. Durante la declaración de guerra, 21.400 prisioneros se encontraban en 6 campos. Los que estaban bajo “custodia protectora” raramente eran sometidos a tortura. El Ministerio de Justicia le recordaba frecuentemente a la Gestapo que habían severos castigos por el maltrato a prisioneros. El castigo más común eran 25 azotes en el culo con una caña de bambú y en presencia de un médico. McDonough nos indica que habían castigos no oficiales que incluían el sumergir a la persona en un baño de agua helada hasta casi la asfixia, ejercicios de agotamiento, privación de sueño, etc. De todas formas añade que estas torturas eran escasas y no lo habitual.

¿Entonces, cómo era la actitud de la Gestapo y los oficiales nazis por el uso del castigo en comparación con las democracias? No sólo el castigo corporal era usado por el sistema legal de las democracias durante los mismos años del socialismo nacional, sino que además ¡continuó!. Por lo tanto no habían diferencias entre otros países supuestamente libres y Alemania. Por ejemplo, en UK se abolió el uso del castigo corporal en 1948, pero con permiso del secretario de Interior, podía ser utilizado por ataques a los funcionarios de las prisiones hasta que fue abolido en 1967. Las técnicas de “interrogación avanzada”, fueron una característica en los estados democráticos hasta hoy, a pesar de que es en el III Reich y específicamente la Gestapo, que se han convertido en sinónimos de tortura.

La tortura fue usada por los aliados a gran escala tras la guerra para obtener las confesiones de los prisioneros alemanes. El juicio a los acusados de la “Matanza de Malmedy”, fue notable por su uso de “técnicas de interrogación”. Los acusados fueron acusados de haber disparado contra soldados americanos que se habían rendido durante la Batalla de las Ardenas en Bélgica. El Secretario del Ejército USA Kenneth C. Royal, montó un tribunal para investigar las alegaciones de tortura que se habían puesto en conocimiento del senador Joseph McCarthy. El tribunal estaba dirigido por Gordon Simpson de la Corte Suprema de Texas, con Leroy van Roden, juez de Pennsylvania y el teniente coronel Charles W. Lawrence del ejército USA. La llamada Comisión Simpson recomendó la conmutación de todas las sentencias de muerte de los acusados alemanes. Mientras que el informe de la comisión fue considerado “suave”, van Roden volvió a los USA compartiendo totalmente las alegaciones de que los interrogadores habían sometido a los acusados a golpes con palos, incluyendo “golpes en los genitales”, amenazas de ahorcamiento durante los interrogatorios y no darles agua. Willis M. Everett, nombrado jefe del Consejo de Defensa por el ejército USA, se sintió muy incómodo sobre el alto número de judíos que estuvieron implicados en los procesos por “crímenes de guerra”.

Otro ejemplo de torturas aliadas, al margen de mi artículo sobre el asunto en Inglaterra, se dio en una “prisión secreta de torturas” que operó en Bad Nenndorf en el noroeste de Alemania por el “Combined Services Detailed Interrogation Centre (CSDIC), una división de la Oficina Británica de Guerra. El centro de la ciudad fue vaciado de gente y rodeado por alambradas. Por la noche los vecinos podían oír los gritos de los prisioneros. La mayoría de los interrogadores eran “refugiados judíos-alemanes”. Aparte de las brutalidades físicas, las amenazas de matar a la mujer e hijos del prisionero se aceptaban como técnicas de interrogación. Un anti-nazi que pasó 2 años bajo la custodia de la Gestapo, afirmó que nunca había experimentado una brutalidad como la que sufrió en Bad Nenndorf.

Mucho se ha hablado sobre la relación Iglesia-Estado durante el gobierno de Hitler, McDonough de nuevo trata el tema diciendo que el régimen nazi estaba determinado a limitar la influencia del cristianismo. Tanto Himmler como Heydrich eran hostiles al cristianismo. De todas formas, el autor Steigmann-Gall nos dice en su libro “The Holy Reich”, que Hitler quería una iglesia estatal unificada, similar a la Iglesia Anglicana británica, donde la monarquía era su cabeza. Se desilusionó por la falta de unión entre las distintas creencias. A pesar de las medidas indirectas de Himmler para disuadir a las SS de que no asistiesen a los oficios religiosos, y sus esfuerzos en crear una religión pagana SS alternativa, los alemanes se mantuvieron mayoritariamente cristianos, algo que nos indica McDonough. Había tensión entre el estado y la Iglesia Católica, como la había desde la llamada “Kulturkampf” de Bismarck y hubo un antagonismo hacia el régimen entre los protestantes centrado en la Iglesia Confesional. Siendo Alemania como el hogar de la Reforma, y la “Kulturkampf” de finales del siglo XIX contra el catolicismo, el conflicto entre la Iglesia y el gobierno de Hitler, éste conflicto podía ser visto más como algo alemán que como específicamente socialista nacional.

En 1933, el 40% de los ministros de la Iglesia Evangélica que representaba a los luteranos y los calvinistas, eran miembros del NSDAP. Una cristiandad nazificada organizada como la Iglesia Evangélica del Reich tenía el apoyo mayoritario entre los protestantes. Se les oponía una minoría dirigida por el celebrado Martin Niemöller quien, lejos de ser anti-nazi, celebró la llegada de Hitler al poder, pero se opuso a la nazificación de la teología. En 1937, para tratar con la oposición entre los religiosos, se creó la sección IV-B en la Gestapo.

Tercera Parte:

McDonough indica que la Gestapo actuó de forma muy lenta contra los sacerdotes a pesar de sus sermones anti-gobierno. Y cuando actuaba era más por las quejas de los feligreses. Fue “extremadamente raro” que los casos llegasen al tribunal. La Gestapo actuó con “gran cautela” en la quejas contra los sacerdotes. Un “juicio justo era la norma, no la excepción”. Niemöller estuvo en “custodia protectora” en 1937 tras cuatro años de polémicas anti-nazis. En 1938 una corte especial consideró que Niemöller no era culpable, pero Hitler intervino personalmente, señalándole como el foco de la actividad anti-nazi. Sobrevivió a la guerra en Sachsenhausen y en Dachau. Sin embargo, la Iglesia Confesional no fue prohibida y continuó incluso durante la guerra, con sus críticas al gobierno.

En 1936, 200 monjes franciscanos fueron acusados de abuso sexual de menores y 1000 sacerdotes y monjes estaban esperando juicio en 1937. Teniendo en cuenta las muchas acusaciones en todo el mundo de abuso sexual a menores entre los sacerdotes de la Iglesia Católica durante las últimas décadas, uno puede ver estas acusaciones en la Alemania de Hitler con diferentes sentimientos. Los grandes medios de comunicación masivos de las democracias actuales, parece que quieren sensacionalizar el supuesto abuso de niños entre los sacerdotes católicos, mientras que apenas informan, o no lo hacen, cuando eso se da en otras religiones, y sobre el silencio es abrumador con el judaísmo. ¿Puede ser que la Iglesia Católica sea el blanco de intereses muy particulares?. Seguramente yo no soy un buen cristiano, pero hay cosas que atentan contra el sentido común.

De todos modos, la presencia de fieles en misa se incrementó en la Alemania de Hitler. Rudolf Hess dijo que “Una religión que ha influenciado, incluso dominado, la vida de la gente durante 2000 años, no puede ser destruida por medidas externas y desde luego no por asuntos ridículos”. En Septiembre de 1939, los líderes religiosos declararon su total entrega a la victoria alemana, pero como Heydrich, muchos otros mantenían su posición anti-clerical. En 1939 la mayor confrontación entre el régimen y la iglesia tuvo que ver con la eutanasia, y fue un asunto que vio como el régimen se echaba atrás. En 1941 las acciones contra la iglesia se paralizaron de forma oficial, pero permaneció la sospecha sobre su lealtad. La idea era mantener a la iglesia lejos de la influencia política.

Un blanco más fácil fueron los Testigos de Jehova, cuyo pacifismo y rechazo a aceptar una autoridad humana se vio como una subversión a la moralidad. La actitud de los nazis hacia los Testigos de Jehova no fue diferente de la que tenían sobre las autoridades democráticas. En 1935 los Testigos de Jehova fueron prohibidos. Parece que fueron los internos más problemáticos de los campos de trabajo, rechazando el prestar atención durante la lista diaria o el trabajo. De todas formas, los testigos de Jehova no fueron conducidos a los campos en masa. Sus casos fueron revisados individualmente, y tuvieron la opción de firmar una declaración de fidelidad al estado. Las sentencias fueron de duración limitada, pero hubo una determinación a corto plazo para tratar u obligar a los Testigos de Jehova a renunciar a su fe, y algunas consecuencias brutales en los campos.

Pero en las democracias, los Testigos de Jehova fueron los primeros en ser prohibidos durante la guerra. Ser miembro era suficiente para ser internado o encarcelado. Fueron enviados a campos de concentración, junto a otros cristianos opuestos al reclutamiento. El escritor marxista de Nueva Zelanda, Murray Horton, dijo que había hasta 12 campos de concentración en la isla para los pacifistas. Hasta 800 objetores de conciencia fueron internados o encarcelados durante toda la duración de la guerra. 78 eran Testigos de Jehova. Los Testigos de Jehova fueron prohibidos en Australia en 1941, como lo fue el Partido Comunista. En Canadá cientos de Testigos de Jehova fueron arrestados. John Diefenbaker, el abogado canadiense por las libertades civiles, político y primer ministro tras la guerra, dijo que unos 500 Testigos de Jehova habían sido perseguidos por su pertenencia a ese culto.

Con referencia a los comunistas, hubo unos 360.000 miembros en Alemania. El primer año del régimen de Hitler, 60.000 fueron arrestados. Ambos partidos habían estado en estado de guerra desde el principio como he dicho anteriormente y muchos nazis fueron asesinados o heridos por los comunistas. Las SA habían librado una dura batalla con el Frente Rojo. Al terminar al I Guerra Mundial y antes de la formación del NSDAP, los comunistas se habían enzarzado en levantamientos sangrientos y luchas contra el estado. McDonough nos dice que el día que Hitler asumió la cancillería, el Partido Comunista, llamó a huelgas masivas. Ernst Thälmann, máximo dirigente comunista, continuó llamando a la revolución. En Julio de 1933, medio año después del ascenso de Hitler, los comunistas asesinaron a dos hombres de las SA en una lucha callejera en Colonia. El Partido Comunista no fue inmediatamente puesto fuera de la ley, incluso poco después del incendio del Reichstag. La Gestapo comenzó la supresión de los libros comunistas de forma seria en 1934.

El año anterior Ernst Thälmann había sido puesto en “custodia protectora” y llevado a Buchenwald. McDonough repite la historia habitual de que Thälmann fue ejecutado ahí en Agosto de 1944. En ese momento los aliados bombardearon Buchenwald y cientos de internos murieron. La explicación oficial alemana fue que Thälmann murió durante el bombardeo. Mientras Thälmann fue presentado como un mártir en la RDA después de la guerra, hubo demasiadas inconsistencias en la versión oficial de su martirio e incluso del campo en donde murió. Lo que es curioso es una alusión a Thälmann hecha por Paul Rassinier, líder pacifista francés, internado en los campos de Buchenwald y Dora. Menciona que vio brevemente a Thälmann en Buchenwald, cuando “ sintió un golpe terrible” por haberse distraído conversando y por estar mal situado en la línea de formación. Alguien le dijo “tenías que haber sido más cuidadoso; ese es Thälmann”. De esta breve mención se ve claramente que Thälmann era un “Kapo” en el campo de trabajo, un colaboracionista no un héroe.

Rassinier también nos dice que los campos de trabajo rápidamente se convirtieron en auto-dirigidos y que había rivalidad pro el control entre los “verdes” o criminales comunes y los “rojos” o prisioneros políticos. El teniente coronel Donald B. Robinson, historiador del Gobierno Militar en Alemania, escribió un informe para el ejército USA sobre Buchenwald: “El Ejército USA a comprobado pruebas detalladas de que una banda de 300 prisioneros alemanes comunistas se apoderaron del control de un sistema de auto-gobierno hecho por los nazis entre los internos de Buchenwald, y lo habían empleado para dirigir y aterrorizar a la población del campo de trabajo. Las víctimas comunistas se contaban a millares…

Parecía que los prisioneros que se congraciaban con los comunistas podían comer; los que no morían de hambre. Los que se oponían abiertamente a los comunistas eran golpeados con palos, torturados o asesinados”. En el informe quedaba acreditado por el ejército USA que “Los comisarios comunistas fueron directamente responsables de la mayor parte de las brutalidades que se cometieron en Buchenwald… No todas fueron cometidas por los guardias de las SS”.

El ejército USA preparó una lista de comisarios comunistas que habían cometido estos actos. A la cabeza de la misma un hombre llamado Hauptmann, que era el asistente del Jefe del Campo (Kontrolleur). De él, el informe dice: “Testigos oculares testifican que Hauptmann pateaba a los prisioneros en los testículos y les golpeaba pero paraba cuando se veía observado por ciertos individuos que tenían conexiones fuera del campo”.

“Hauptmann habla inglés bien. Habla como un sádico, sus ojos brillan con placer mientras dice como “nosotros disciplinamos el campo”. Como muchos otros líderes comunistas, su palabra favorita es “disciplina”. Es interesante mencionar que en 1943, los internos polacos que habían dirigido Auschwitz, fueron transferidos a Buchenwald. Trataron de asumir la misma posición y fueron asesinados por la facción comunista.

Cuarta Parte:

El personal del hospital en Buchenwald estaba formado al 100% por alemanes comunistas. La mayoría de medicamentos y comida iban a los pacientes del Partido Comunista. La oficina de trabajo, suministro de comida y alojamiento estaban también bajo el control comunista. Los comunistas controlaban la distribución de los paquetes de comida de la Cruz Roja. Cuando el ejército USA entró en el campo, encontraron a 300 comunistas alemanes que aún estaban allí “vestidos como prósperos hombres de negocio”. Una directiva secreta del Partido Comunista daba instrucciones a los internos comunistas de Buchenwald. Estas directivas se recibían del propio partido que mantenía una red clandestina en toda Alemania.

Un correo viajó fuera de Buchenwald para recibir las órdenes del partido. Se descubrió en Septiembre de 1944 que los comunistas de Buchenwald tuvieron un peso importante en el atentado contra Hitler. Thälmann fue “ejecutado” varias semanas antes, e incluso se especula que pudo ser uno de los cabecillas. Los comunistas alemanes fueron despreciados incluso por los prisioneros de guerra soviéticos y otros comunistas. Uno puede imaginarse los que hubiese sido Alemania en manos de Thälmann y su gente tras derrocar a Hitler. Stalin no pensó mucho en Thälmann. Mientras 5 miembros del Politburó del partido fueron ejecutados por los nazis, en el “refugio” soviético liquidaron a 7 y 41 de los 68 líderes del partido comunista alemán. Añade McDonough que “el 70% de los comunistas alemanes exiliados fueron liquidados por las brutales purgas políticas de Stalin”. Y nos dice también la “ironía” de Stalin que mató a más líderes comunistas que Hitler. Stalin los veía como internacionalistas y trotskistas.

En Alemania, de todas maneras, con los comunistas y los acusados de actividades contra el gobierno, las investigaciones de la Gestapo llegaban rápida y efectivamente a la verdad y sobre todo porque los informantes estaban motivados por venganzas personales dentro del partido comunista alemán. En el libro de McDonough se pueden encontrar muchas citas entre las cuales las de los que fueron acusados de simpatía por el comunismo, que eran rápidamente exonerados o se les aplicaba una “custodia preventiva” muy corta. Nos pone, entre otros, el ejemplo de Peter Penk, un buscaproblemas, ladrón, vándalo, contrabandista y conductor borracho que había hecho comentarios pro-comunistas y anti-Hitler cuando estaba borracho y que fue tratado “con una indulgencia remarcable por la Gestapo durante mucho tiempo”. Penk fue llevado al ejército.

También el autor se refiere al trato blando dado a un grupo comunista que trataba de interrumpir los trabajos de defensa en 1938, molestando a otros trabajadores, y que sólo produjo leves sentencias de cárcel. Otro caso de delincuencia juvenil en una fábrica, que apuntaba a activismo comunista, le hizo perder una gran cantidad de tiempo a la Gestapo y que como resultado se soltó a los prisioneros en pocos días y eliminación de los cargos. La Gestapo había averiguado que los padres de los chicos eran de clase trabajadora y decentes que vivían del subsidio de desempleo. Incluso durante la guerra hubo algunos que continuaron repetidamente haciendo comentarios pro-comunistas y desafiando al estado en público. Fueron tratados con benevolencia ya que no eran una amenaza seria contra “la comunidad nacional”.

En el tema de las relaciones sexuales e ilícitas, la Gestapo dedicó mucho tiempo investigando acusaciones sexuales entre alemanes y trabajadores extranjeros durante la guerra. Y eso, debe decirse, fue en parte para prevenir los abusos de esos trabajadores por la situación vulnerable de los alemanes. McDonough dice que “mientras la humillación pública podía poner a la persona en una situación complicada, era más común el avisar de forma privada”. También nos explica el caso de un judío que fue paseado por las calles de Würzburg por tener relaciones sexuales con una mujer alemana, tras las quejas de los vecinos. El hombre tenía que llevar un cartel que decía “He vivido fuera del matrimonio con una mujer alemana”. Estuvo bajo “custodia preventiva” durante dos semanas.

Estas situaciones no tienen nada que ver en comparación con el final de la guerra, con cientos de miles de mujeres a las que afeitaron su cabeza, se les arrancaba la ropa incluso llevando a sus bebés, a las que hicieron desfilar por las calles, asaltadas y a veces asesinadas por “colaboradoras”. El entonces famoso autor y periodista Sisley Huddleston, que vivió en la Francia de Vichy durante la guerra, observó que el periodo de la “liberación” entre 1944 y 1946, fue el más sangriento en la historia de Francia, incluso mayor que el de la era Jacobina. Huddleston estima que una cifra mínima de 100.000 hombres, mujeres e incluso niños, fueron asesinados durante la “liberación” por sus compatriotas franceses. Las cifras del ejército USA dicen que el número de asesinados fue de 80.000 “durante los primeros meses de la “liberación”. Adrián Tixer, ministro del Interior sube la cifra a 105.000 durante Agosto de 1944 hasta Marzo de 1945. Comunistas de diversas nacionalidades en Francia, cortaban con cuchillas de afeitar y quemaban con cigarrillos a sus víctimas, las golpeaban con látigos y les quemaban los pies con agua hirviendo. “hubo muchos casos de violaciones”. Los que murieron por torturas fueron arrojados por la ventana y se les llamó suicidios. Un horror.

Otro papel de la Gestapo fueron las investigaciones por sabotajes y subversión entre los trabajadores extranjeros. Los alemanes comunistas eran muy activos entre ellos. McDonough dice que “todos los casos de la Gestapo que he revisado y que tenían que ver con comunistas fueron investigados en profundidad y de forma exhaustiva. Numerosos testigos fueron interrogados. Cada caso era tratado de forma profesional y eficiente. La seriedad de cada caso estaba basado en el carácter del individuo y los más graves fueron situados bajo “custodia preventiva”. La imagen que aparece, incluso durante la guerra, es que la gente no era molestada y tampoco era enviada a campos de trabajo por pretextos estúpidos. Si alguien estaba en custodia, él o ella, podían esperar el ser liberados en pocos días tras una investigación eficiente que los consideraba inocentes o el asunto investigado totalmente trivial.

McDonough estima que el 26% de los casos de la Gestapo empezaron con la denuncia de alguien y un 15% como resultado de la vigilancia de la propia Gestapo. Los más denunciados era gente de clase trabajadora, 20% fueron mujeres y de ellas muchos eran acusaciones sobre asuntos domésticos que eran el resultado de un conflicto personal con un vecino, pariente o marido. La Gestapo buscaba el motivo y el denunciante podía ser perseguido si acusaba en falso. McDonough dice que las sentencias por insultos anti-nazis eran de un mes a seis meses de carcel. Y “contrariamente a lo que parece, no había una inundación de denuncias”.

La Gestapo manejaba las acusaciones contra gente que cumplía con la ley “con profesionalidad y diligencia y generalmente con una sorprendente compasión”. “Y no era raro que la gente pudiese quejarse formalmente si a la Gestapo “se le iba la mano”. Y esa quejas podían ser tratadas ante una corte.

Quinta y última parte:

Louis Clair escribió sobre un campo en la región de Orleans, donde el jefe del campo recibía 16 francos por cabeza para comida, pero se quedaba 9 francos para él, y los prisioneros pasaban un hambre atroz. Un joven soldado francés escribió sobre los prisioneros que morían de hambre y que dormían en fríos suelos de cemento, sin cobijo alguno. En un campo en Langres un testigo escribió que había visto prisioneros siendo golpeados por los guardias con las culatas de los fusiles y pateados por caer agotados por el trabajo excesivo.

Como Bacque ha mostrado, la idea de Eisenhower sobre un campo de concentración no era más que una superficie de cemento. Los campos USA eran terrenos rodeados de una valla, donde el cobijo era lo que los internos podían cavar en el barro con sus manos. Bacque estima que 167.000 de los 314.241 soldados alemanes prisioneros murieron bajo el control francés y no menos de 800.000 bajo el control USA…

Volviendo de nuevo a la Gestapo, McDonough, habiendo asumido muchas de las ideas iniciales sobre la Gestapo, concluye lamentándose de que, a pesar de haber sido clasificada como “organización criminal” junto a las SS y SD, la Gestapo evitó de forma amplia la venganza de los vencedores. El autor cita el testimonio del Dr. Werner Best, jefe de la administración y personal de la Gestapo en Berlín de 1936 a 1940 “Fue Werner Best quien originalmente destrozó los mitos sobre la Gestapo, muchos años antes de que los historiadores siquiera habían estudiado este asunto al detalle”. En lo que McDonough llama “interpretación revisionista” de la Gestapo, dice que el testimonio de Werner Best fue claramente soslayado. Éste decía que la Gestapo fue la policía peor pagada, que eran muy pocos y la mitad de esos estaban en administración y que la impresión de que la Gestapo eran una vasta organización espiando masivamente a los alemanes es falsa. Los agentes de la Gestapo estaban continuamente en contacto con las familias de los presos, y que se les mantenía informados sobre las fechas de su liberación. Los oficiales de la Gestapo recomendaban a las familias sobre cupones de beneficencia mientras que sus parientes estaban bajo custodia. “Las “técnicas avanzadas en interrogación” sólo eran utilizadas en casos graves de traición y bajo estrictas medidas.

Karl-Heinz Hoffmann, un responsable superior de la Gestapo dijo que la la “custodia de protección” era breve, los internamientos en campos sólo se recomendaba para los casos más incorregibles y/o peligrosos. El trato brutal o la tortura estaban estrictamente prohibidos. Los casos de brutalidad eran llevados ante una corte criminal. Hoffmann cita el caso de dos oficiales de la Gestapo en Düsseldorf que fueron enviados a prisión por una corte criminal por maltrato a prisioneros en Dinamarca, donde Hoffmann sirvió más tarde con Werner Best, que era gobernador. Hoffmann dice que “los interrogatorios superiores” se usaban con más frecuencia contra la resistencia, e incluso en ese caso tampoco de forma extensa.

El consejo de defensa fue “hábilmente manejado por el Dr. Rudolf Merkel” en Nuremberg. Sin embargo en esos juicios, se mantuvo que la Gestapo fue una organización criminal y que los empleados de la Gestapo, incluso los de menor rango, eran cómplices. De todas maneras, la mayoría de los oficiales de la Gestapo fueron exonerados. McDonough parece que ve el régimen de la ocupación aliada, la época del Plan Morgenthau, como indulgente con los alemanes. Muchos oficiales de la Gestapo trataron de “lavar” sus nombres, pero se encontraron con el testimonio de sus víctimas. Que esas víctimas pudiesen mentir es algo que McDonough ni considera, pero sucedió. De todas maneras, incluso los que fueron procesados sólo recibieron unos pocos años en prisión y fueron exonerados al salir. Los tribunales de la Alemania Federal entre 1945 y 1950 “sólo” encarcelaron a 5.228 denunciantes que habían mentido.

Con la llegada de la “Guerra Fría”, los aliados demócratas veían a los alemanes como “carne de cañón” de primera línea contra la URSS y detuvieron la visión de Morgenthau de una Alemania devastada por la des-industrialización y la hambruna. McDonough acepta que la República Democrática Alemana persiguió con más ahínco a los nazis y los soviéticos hicieron todo lo posible para que el socialismo nacional no renaciera. Pero eran acciones sin más consecuencias. Las cosas cambiaron mucho en 1960 cuando Adolf Eichmann fue secuestrado y llevado a Israel para ser juzgado y ajusticiado. esto dio un impulso para revitalizar las investigaciones por los “supuestos crímenes de guerra”.

McDonough concluye con el lamento de que Werner Best evitó su juicio tras haber pasado por la cárcel y multado con 70.000 marcos. Desde que estuvo enfermo, las autoridades alemanas retrasaron su caso hasta 1972. Murió en 1989 “sin haber pagado jamás por sus crímenes contra la humanidad durante el nazismo. Ni la Gestapo tampoco”. Tras haber leído el libro de McDonough, uno se pregunta ¿de qué crímenes habla el autor? Creo que el libro, para los que os aventuréis a su lectura, no capta la Gestapo y la época del socialismo nacional en el contexto de aquel momento histórico. Creo que son pocos, si es que existe alguno, que lo hacen. Quizás es por temor…

Sólo he tratado de dejar claro en este artículo que la supuesta inhumanidad del nazismo no era única de ese movimiento político. Leyes raciales, eugenesia, esterilización de criminales y homosexuales, trabajos forzados, castigos físicos, internamiento de extranjeros enemigos, encarcelamiento de la oposición política, experimentos médicos, etc…, fueron algo común en las democracias y dictaduras en todo el mundo antes, durante y después del período socialista nacional. Creo que fueron muy innovadores en bienestar social, bienestar de los animales, ecología (palabra acuñada por ese régimen), comida orgánica y salud pública, banca y viviendas públicas, trueque entre países y dejar atrás la deuda con bancos privados extranjeros, que han sido de largo desconocidas y superadas por el fetichismo del sadismo supuestamente nazi.

Mientras los USA y otros países se aprovecharon después de la guerra de la tecnología armamentística alemana, no hubo un interés similar en investigar los desarrollos anti-cáncer durante el nazismo, por ejemplo. La cortina de humo y propaganda sobre atrocidades, que no se ha detenido desde 1933, sólo ha permitido ver una supuesta cara de la moneda. La imagen de la Gestapo ha sido un factor primordial en esta ofuscación. El libro de McDonough se une a otros de historiadores y editoriales próximas al sistema que dan una luz “revisionista” en algunos aspectos de este tema. Y eso es de agradecer.

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