El hundimiento del Meine

La prensa de Hearst en acción: “La destrucción del barco de guerra Maine fue el trabajo de un enemigo”
Y ofrece $50,000 dlls de “recompensa a quien dé informes sobre perpetrador del ultraje”.
Aunque para facilitar la búsqueda abajo dice: “Oficiales de la marina piensan que el Maine fue destruído por una mina española”

 

El 25 de abril de 1898 Estados Unidos le declaraba oficialmente la guerra a España con la excusa de la explosión y hundimiento del Maine. El poderío militar de los EEUU, la obsoleta flota española, el imparable proceso independentista cubano y la bisoñez de los políticos españoles decantaron la balanza rápidamente… El Tratado de París de 1898, firmado el 10 de diciembre, terminó la Guerra hispano-estadounidense o desastre del 98 y ponía fin al Imperio ultramarino español… mediante dicho tratado España abandonó sus demandas sobre Cuba y declaró su independencia; además Filipinas, Guam y Puerto Rico fueron oficialmente cedidas a los Estados Unidos por 20 millones de dólares.

En medio de un fuerte clima de tensión entre EEUU y España, la armada estadounidense decidió en enero de 1898 enviar a Cuba el acorazado USS Maine como señal de su determinación en la defensa de sus intereses estratégicos en la isla. Un mes después de su atraque en la bahía de La Habana se produjo la explosión y hundimiento del buque, provocando la muerte de 266 marineros.

Recordemos que en Cuba se habían puesto en marcha una serie de rebeliones, con simpatía y el apoyo estadounidense, a partir de finales de 1860. En 1897, el diplomático estadounidense en La Habana, el General Fitzhugh Lee, por cierto, sobrino del General confederado Robert E. Lee, argumentaba un proceso que se estaba convirtiendo en preocupación por la seguridad de los estadounidenses en Cuba durante la insurrección. Había un buen número de ellos, hombres de negocios interesados ​​en el comercio de azúcar y en los rebeldes que trabajan como mercenarios o traficantes de municiones y suministros.

A partir de diciembre de 1897, Lee, pidió ayuda, y en enero de 1898, el comandante del Maine, el Capitán Carles D. Sigsbee, había solicitado unirse a las otras naves de Atlántico Norte, en un Escuadrón de la Marina, e ir con a su base de invierno en las pequeñas islas de Tortugas en la punta de los Cayos de Florida. El Escuadrón llegó a Cayo Hueso el 23 de enero de 1898, en el camino a Tortugas, pero trajeron con ellos las órdenes de Sigsbee de Washington, diciéndole que procedía que el Maine se trasladase a la bahía de La Habana en una visita “amistosa”. Mientras que la intención de esta visita puede haber sido más que el envío del Maine en la realización de su misión de proteger a los estadounidenses en Cuba, también puede haber sido un intento de influir en la política interna de España en Cuba, en un claro intento de hacer cumplir la Doctrina Monroe y asegurarse de que otra potencia europea como Alemania no tratase de tomar ventaja de la inestabilidad en la isla durante la rebelión y apoderarse de Cuba.
Su llegada no fue bien vista por las autoridades españolas. La guerra con Cuba se prolongaba ya tres años y en Madrid eran más que conocidos los intereses estadounidenses en controlar la isla. En 1898, las relaciones diplomáticas entre España y Estados Unidos atravesaban por su peor momento. Estados Unidos potencia en auge) disputaba a España (potencia en caída libre) las últimas colonias que esta poseía: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. De hecho, en EE UU la presión mediática liderada por la prensa más sensacionalista para que su Gobierno declarase la guerra a España era feroz. Recordemos que en España era presidente Práxedes Mateo Sagasta, y en Estados Unidos, William Mckinley.

Desde que el ‘Maine’ llegó al puerto, las medidas de seguridad de la tripulación fueron muy elevadas. De hecho, el capitán del buque, Charles D. Sigsbee, no permitió a los marines bajar a tierra, aunque sí a los oficiales. Cuando el 15 de febrero se produjo la explosión en la que murieron 266 soldados, el Gobierno estadounidense la achacó a una mina submarina y responsabilizó a España. Por su parte, las autoridades españolas negaron cualquier implicación y se mostraron dispuestas a colaborar con los estadounidenses para aclarar los hechos. Una oferta que fue rechazada. En la imagen, entrada del Maine en la Bahía de La Habana.

LA PRENSA NORTEAMERICANA

Los medios de la prensa estadounidense controlados por los grandes magnates Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst encendieron los ánimos belicistas del pueblo americano con titulares como ‘The War Ship Maine was Split in Two by an Enemy’s Secret Infernal Machine’. “Pongan las fotos, que yo pongo la guerra”. La famosa frase del magnate de la comunicación William Hearst pone de manifiesto hasta qué punto Estados Unidos tenía interés en participar en el conflicto entre Cuba y España a finales del siglo XIX. La extraña explosión del acorazado ‘Maine’, que Washington esgrimió como ‘casus belli’ contra España, está plagada de sombras. Hearst, considerado el creador de la prensa amarilla y fundador de la Hearst Corporation, uno de los más poderosos grupos de comunicación del mundo en la actualidad. Para entender un poco más la forma de ser de este individuo, basta conocer su lema preferido: “I ake news” (Yo hago las noticias). En la imagen, portada del New York Journal de la época.
El Congreso de EEUU era igualmente favorable a la guerra con España, e intentaba arrastrar consigo al Presidente McKinley, que se mantenía reticente a la intervención militar. Hubo una primera investigación sobre las causas del hundimiento, que apuntaba al efecto de una mina, pero que no fue capaz de determinar con certeza la responsabilidad de España. Eso no impidió que, sólo dos semanas después de la publicación del informe, el Presidente McKinley acabara cediendo ante la presión del Congreso y la opinión pública, y declarase la guerra a España con los resultados conocidos, que no son si no el fin al dominio español en Cuba y Puerto Rico (además de Filipinas) mediante el Tratado de París firmado el 10 de diciembre de 1898. En la imagen siguiente, John Hay, Secretario de Estado estadounidense, firmando la ratificación del tratado en representación de Estados Unidos.

LA RAZÓN DE UN SABOTAJE

Otra posible causa de una explosión externa fue sabotaje. Un saboteador podría haber colocado una bomba casera en el casco del buque o que podría haber dejado una mina casera flotando en el agua cerca del Maine, de forma que lo golpeara en su maniobra de amarre. Debido a que Cuba se encontraba, como hemos comentado, en medio de una revolución violenta, este saboteador podría haber venido de una de las facciones que luchaban por el control de la isla. Allí estaban los rebeldes cubanos que trataban de ganar su independencia y podría haber intentado todo lo que creían perjudicaría el dominio colonial español. La lucha contra los rebeldes, además de las autoridades españolas, había radicales de derecha que también favorecieron continuo dominio español y odiaban a los estadounidenses por ayudar a los rebeldes tratando de influir en la política española.

Además, existen dos circunstancias que en un principio habían sido desapercibidas, y que muchos observadores creían se habrían dado cuenta en el supuesto caso de una explosión submarina externa. Uno es un chapoteo o geiser de agua que ninguno de los testigos informaron haber visto al ser lanzado junto a la nave en el momento de la explosión. Muchos consideraron que esto habría sido indicativo de una explosión externa de una mina, pero resulta que la otra circunstancia es que nadie informó haber encontrado peces muertos flotando en el puerto de La Habana en la mañana después de la catástrofe. Asumiendo que había peces que viven en el agua contaminada del puerto, parecía que si hubiera habido una explosión en el agua, un buen número de peces habrían sido encontrados muertos al día siguiente.

Otra posible causa podría haber sido un sabotaje interno, en el supuesto de que un visitante a la nave hubiera logrado pasar de contrabando una bomba a bordo y dejarla convenientemente camuflada en un búnker de carbón, o el armario de pintura. Esto podría haber ocurrido si la tripulación de la nave no hubiera estado lo suficientemente cerca y se les hubiera permitido el acceso a las zonas sensibles de la nave. Pero los procedimientos estrictos de seguridad significaban que había pocas posibilidades de sabotaje interno a bordo del buque en el puerto de La Habana, que pese a la visita con carácter amistoso, y que el barco no podía mantiene acordonado y los visitantes tuvieron que ser permitidos a bordo, el Capitán Sigbee había ordenado varias medidas estrictas de seguridad, una de ellas era que todos los visitantes a la nave estuvieran bajo estrecha vigilancia, lo que reduce en gran medida la posibilidad de que uno de estos visitantes podrían haber dejado una bomba a bordo sin ser notado, aunque es cierto que muchachas jóvenes cubanas frecuentaban el buque a demanda de su tripulación, pudiera muy bien haber entrado una espía asesorada al efecto, para colocar la carga en el lugar y momento preciso-. o que fue colocada en las carboneras cuando el barco repostó en Key West, debidamente preparada para ser puesta en funcionamiento, en el momento indicado, por agentes, de la propia tripulación, o por otros en el puerto de la Habana que tuvieran acceso, y un par de cartuchos de dinamita, eran suficientes para desencadenar la explosión posterior determinante.

Así, mientras que una explosión interna era posible, parece poco probable dado los argumentos en contra de las posibles causas para tal evento, con lo cual, cobra fuerza una combustión interna espontánea, como ya había ocurrido en otras ocasiones en barcos de similares características, como veremos al final.

Otro de los argumentos esgrimidos es que hubiera sido causada la explosión por los partidarios de Valeriano Weyler y Nicolau, capitán general de Cuba durante la sublevación independentista de José Martí y Máximo Gómez. Fue famoso por su denostada política de Reconcentración en Cuba, por lo que fue retirado de Cuba en octubre de 1897, cuando Sagasta sustituyó al asesinado Cánovas. La prensa norteamericana de Hearst y Pulitzer reclamaba la intervención en Cuba, presuntamente para acabar con la «matanza de civiles» aunque en verdad solo pretendían apoderarse de la isla, ignorando la lucha de los independentistas cubanos. la propaganda antiespañola estima que entre 750.000 y 1.000.000 de cubanos murieron en los campos de concentración creados por Valeriano Weyler (imposible dado que la población de Cuba en 1895 era de 1.500.000 habitantes), las cifras y la propaganda alimentada por la falsedad estado-unidense a dado pie a la creencia a ciegas en este tipo de leyenda, alejando la verdadera causa y fines de la misma. Se argumentó en su momento sobre la posibilidad de que los seguidores de Weyler, hubieran podido provocar el hundimiento, por estar activamente en contra de la intrusión norteamericana, parece que hay un fuerte argumento a favor de la culpabilidad de los weyleristas basado en su hostilidad hacia los Estados Unidos, y la posible intención de atacar el Maine en particular. Sin embargo, tal acto contra un buque de guerra estadounidense habría sido un movimiento absurdo para un grupo de los nacionalistas españoles que trataban de mantener el dominio español sobre la isla, por las mismas razones que la han convertido en un movimiento absurdo por las autoridades españolas. Como oficiales del ejército español que fueron encerrados en una guerra difícil con los rebeldes cubanos, habrían sabido que la última cosa que necesitaban era una intervención americana en apoyo de los rebeldes. los oficiales Weylerite habrían entendido que no tenían nada que ganar y todo que perder, a partir de un ataque al acorazado Maine. En la imagen, el general Valeriano Weyler Nicolau.

Los argumentos en contra de la responsabilidad española en el suceso, se dan en que las minas utilizadas para defender los puertos se suelen utilizar en los canales de los mismos, y no en los anclajes o amarres de los barcos, ya que de haberse colocado alguna mina allí, hubiera resultado un peligro puerto. Además, las conclusiones más detalladas de la primera investigación así como de la segunda, indicaron que la explosión externa fue causada por una carga pequeña de bajo explosivo, mientras que las minas navales españolas en ese momento estaban armados con grandes cargas, de alto explosivo.

Además de esto, había argumentos políticos aún más fuertes en contra de un ataque español intencionado contra el maine, ya que pese a que la presencia del acorazado estado-unidense hubiera podido ser considerada como una provocación o un insulto, España no tenía lógicamente, nada que ganar en el mismo hundimiento o sabotaje, y además, debemos tener en cuenta en este sentido que la insurrección cubana había colocado a las autoridades españolas en una posición de debilidad al otro lado del Atlántico desde España y los Estados Unidos eran la nación más rica y militarmente más poderosa en las Américas, y geográficamente más cerca de Cuba. Como resultado, un ataque español intencionado contra un barco estadounidense en el puerto de La Habana habría sido un suicidio virtual. Además, la cobertura de prensa hacía su trabajo, como veremos después, argumentando embustes como las de haberse cometido atrocidades allí, y otras por el estilo, que enseguida veremos.

Los norteamericanos estaban favoreciendo claramente a los rebeldes cubanos que estaban siendo apoyados por contrabandistas y mercenarios, y como ya se ha dicho también, las relaciones bilaterales no eran del todo buenas, con lo cual, es muy poco probable que hubieran querido empeorar esas relaciones mediante la creación de un incidente con un buque de guerra de Estados Unidos en el puerto de La Habana.

Además hay otro argumento en contra, y es que a mediados de febrero de 1898, al mismo tiempo que el Maine fue destruido en el puerto de La Habana, el acorazado crucero español Vizcaya estaba de camino a Nueva York para una visita amistosade forma y manera recíproca, que tenía previsto desembarcar en La Habana después de salir de Nueva York, y llevaba 150.000 pesetas en efectivo para pagos de tropas y suministros en Cuba. Cuando el Viuzcaya llegó a Nueva York el 18 de febrero, no había recibido noticias de lo acontecido con el Maine en la Bahía de la Habana, ya que como la mayoría de otros buques en ese momento, no estaba equipado con la telegrafía sin hilos. Su comandante no se enteró del incidente hasta que llegó a Nueva York y encontró su barco rodeado de americanos hostiles.

La marina española, en aquellos momentos, era mucho menor y más débil que la Marina de los EE.UU, y el crucero acorazado Vizcaya era un barco relativamente más valioso para Madrid que el acorazado de segunda clase Maine para Washington. En este momento, la fuerza de la flota de combate español fue basado en un acorazado y cuatro cruceros acorazados, mientras que la Marina de los EE.UU. tenía cuatro acorazados de primera clase, dos acorazados de segunda clase, y dos cruceros acorazados. Por lo tanto, habría sido bastante ingenuo para el gobierno de Madrid haber ordenado la destrucción del acorazado menos valioso cuando uno de sus barcos más valiosos, que lleva la nómina de las fuerzas españolas en Cuba, iba de camino a un puerto americano donde sería fácil de apresar o atacar, pero afortunadamente para el Vizcaya y el gobierno español, el Departamento de Policía de Nueva York fue capaz de mantener la seguridad en todo el crucero durante su visita abreviada allí, por lo tanto, consideramos descartada la teoría de ataque español en todos los sentidos, aunque luego el Vizcaya fue hundido en una batalla en la Bahía de La Habana, concretamente en la batalla de Santiago.En la imagen, el Acorazado Vizcaya.

Hubo una segunda investigación oficial del siniestro en 1911 reproduciendo básicamente las tesis de la primera, lo cual no era extraño considerando que sólo habían transcurrido trece años desde la declaración de guerra al grito de ‘Remember the Maine!’ con una fuerte implicación emocional de la opinión pública. Finalmente, en 1976 se realizó una tercera investigación del incidente, esta vez contando con una amplia perspectiva temporal, y dirigida por el Almirante Hyman Rickover. El informe indicaba que el casco del Maine revelaba una explosión hacia afuera, y no hacia el interior del barco, como cabría esperar de la colocación de una mina. Con este informe, España quedaba definitivamente exonerada de la voladura del Maine, reconociéndose el grave error político y militar que supuso su inculpación. Pero el informe tampoco se apuntaba explícitamente a un autoatentado, como es natural, sino que desarrollaba la hipótesis de una explosión fortuita causada por la proximidad del almacén de pólvora al cuarto de calderas. En la imagen siguiente, hundimiento del Maine.
El acto de sabotaje también podría haber sido cometido por los rebeldes cubanos que luchaban para derrocar el régimen colonial español y ganar su independencia.

Al principio, parece extraño que los rebeldes hubieran atacado un buque de guerra perteneciente a sus amigos más cercanos, reduciendo la fuerza militar de Estados Unidos, y matando a marineros estadounidenses, pero habrían corrido el riesgo de haber sido sorprendidos en el acto, dando lugar a una retirada del apoyo estadounidense a su causa, con lo que consideramos poco probable esta situación. Sin embargo, debido a que las autoridades españolas hubieran tenido problemas para identificar positivamente al autor como un rebelde, e incluso si se hiciera esta identificación, los estadounidenses todavía podrían haber culpado a las autoridades españolas por no vigilar adecuadamente el puerto y garantizar la seguridad de la nave de guerra de visitas, como era su obligación.

Por otra parte, hay que decir que los rebeldes cubanos eran el único grupo que tenía más que ganar de tal incidente. Mientras que el Maine era un barco americano, no estaba ayudando directamente a los rebeldes en modo alguno en el puerto de La Habana, y era evidente que los rebeldes necesitaban ayuda si querían derrocar el gobierno español y lograr su independencia. A pesar de que no querían cambiar el imperialismo español por el imperialismo estadounidense, ciertamente no desmerece la idea de que pudieran haber sopesado la intervención en caso de que parecía ser la única manera de lograr su objetivo principal de independizarse de España. Por lo tanto, necesitaban un incidente que haría que los Estados Unidos intervinieran contra los españoles, y además, también tenían la capacidad de hacer y usar el tipo de dispositivo que destruyó el Maine, de hecho, ya que la causa independentista iba perdiendo posiciones y se perdería la independencia de Cuba, a menos que fueran implicados en ella los norteamericanos. Y es claro, como apuntan diversos historiadores que los rebeldes cubanos deseaban la intervención, pero con ciertos temores, de ahí la imposición de la Enmienda Teller a instigación de los cubanos en un momento determinado, y de la que siempre se arrepintieron los responsables de su concesión y aprobación en el Congreso estadounidense, y en contrapartida surgiría la conocida como Enmienda Platt, ambas son significativas en este asunto.

Los materiales explosivos y detonadores fueron algunas de las municiones de contrabando a los mismos desde los Estados Unidos, y algunos de los mercenarios estadounidenses ayudándoles tenían experiencia con explosivos. Sobre la base de la conclusión de una de las investigaciones, la explosión fue causada por una pequeña carga de bajo explosivo, el dispositivo podría haber sido un barril de azúcar de madera ordinaria llena de pólvora. Esta mina fundamental podría haberse unido a un ancla y luego dejada caer desde una pequeña embarcación donde sería golpeada por el acorazado mientras se balanceaba a su amarre, esto podría haberse hecho desde un barco que hubiera podido pasar desapercibido, o llevado al lado de la nave por un nadador y directamente provocada por la misma persona en un ataque suicida. Por lo tanto, parece más probable que los rebeldes cubanos eran la parte culpable .
Pero, rebobinemos un poco, y descubramos otro singular acontecimiento, silenciado obviamente por los Estados Unidos, y es que la mayor parte de las versiones apuntaban a una explosión en una de las calderas para generar energía eléctrica, comunicando el incendio a la Santa Bárbara del buque y a los torpedos y dinamita almacenada en todo buque de guerra.

No podemos descartar una previa explosión exterior inicial y con autoría humana, que provocó la siguiente y más grave en el pañol, y ¿quién?. Repetimos hasta la saciedad. Sólo cuatro días antes el buque-yate de William Randolph Hearst, uno de los publicistas que antes hemos nombrado, de sospechoso nombre “Bucanero”, había permanecido muy próximo al acorazado Maine. Este elemento distorsionador llegó a escribir en sus propios periódicos “Mi lema es que mientras otros hablan mi Journal actúa, y nunca dio razones convincentes de la presencia suya y de su yate tan próximo al barco siniestrado, al que hizo numerosas fotos antes de levantar anclas, sólo menos de cien horas antes de la voladura…En la imagen siguiente, William Randolph Hearst.

DOCUMENTOS DESCLASIFICADOS

Como se verá más adelante, hay argumentos sólidos para entender la voladura del Maine como una Operación de Bandera Falsa, y así lo ha sospechado tradicionalmente un sector de la historiografía militar española. Pero siempre ha faltado una documentación interna de EEUU reconociendo el hecho. Esta carencia se ha suplido más recientemente con la desclasificación, en 1997, del principal documento preparativo de la llamada Operación Northwoods, mediante la cual el Estado Mayor de EEUU proponía intervenir militarmente en Cuba en 1962 con el fin de derrocar a Fidel Castro. El documento, clasificado top secret, establecía literalmente lo siguiente:

‘A series of well-coordinated incidents will be planned to take place in and around Guantanamo to give genuine appearance of being done by hostile Cuban forces’ (Se ha previsto una serie de incidentes bien coordinados a tener lugar en y alrededor de Guantánamo para dar apariencia genuina de ser hecho por fuerzas cubanas hostiles) (página 7, apartado 2).

Y en este sentido, señalaba: ‘A “Remember the Maine” incident could be arranged in several forms”, apuntando, en primera instancia: ‘We could blow up a US ship in Guantanamo Bay and blame Cuba’ (p. 8, ap. 3). (Un “Acuérdate del Maine” incidente podría estar dispuesta en varias formas “, apuntando, cuarto instancia primera:” Pudiéramos hacer volar un barco estadounidense en la Bahía de Guantánamo y culpar a Cuba).

La desclasificación de este documento, el cual no adjuntamos en el presente artículo ya que a parte de estar en inglés, contiene más de doce páginas, pero ponemos aquí el enlace :

http://nsarchive.gwu.edu/news/20010430/doc1.pdf

Es de especial importancia para España ya que en él se reconoce inequívocamente la voladura del Maine como una Operación de Bandera Falsa, y lo reconoce el mismo órgano militar que debió aprobarla (siendo inconcebible que un directorio militar se autoincrimine falsamente de un autoatentado que tuvo, además, el poco glorioso resultado de acabar con la vida de 261 militares estadounidenses). En la imagen siguiente, tripulación del Uss Maine.

Es posible que ningún informe oficial de la administración española haya recogido y reconocido este documento desclasificado, a pesar de que con él se cierra la cuestión del origen de una guerra trascendental en la Historia contemporánea de España, ¿las razones?, como al igual que ocurre en tantas y tantas cosas importantes en la política, se tiende a ensuciar la historia con el simple silencio que es conclusión moral de la cobardía, o el interés creado de la alta política.

¿QUÉ ES BANDERA FALSA?

Para ser más precisos en la calificación técnica de las Operaciones de Bandera Falsa, conviene señalar que contienen dos componentes fundamentales: uno de operación psicológica, y otro de operación de propaganda. La operación psicológica (psy op) comprendería, en este caso, la ejecución del falso incidente, así como de los falsos funerales, siendo responsabilidad de las unidades especiales de guerra psicológica. La operación propagandística, por su parte, sería ejecutada por los medios de comunicación de masas, encargados de difundir mecánicamente el relato facilitado por los responsables de la operación psicológica. El elemento característico de las Operaciones de Bandera Falsa es que contienen operaciones psicológicas originalmente concebidas para engañar al enemigo en tiempo de guerra, pero dirigidas a engañar al pueblo (y al mundo) en tiempo de paz (y generalmente para iniciar una guerra).

 

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