Las cartas de Nicky y Willy. Un último intento de paz

Declarada la guerra a Serbia por parte del imperio austro-húngaro, con el apoyo de Alemania a este último, la maquinaria de las alianzas se echó a rodar, empezando con la movilización de las tropas rusas hacia la frontera el 29 de julio de 1914. No obstante, al no haberse disparado ni un solo tiro, la ineficiente y casi torpe diplomacia alemana, seguía creyendo que las potencias de la Entente Cordiale, aparte de las movilizaciones para cumplir con los compromisos pactados, se mantendrían al margen y permitirían que Austria resolviese su conflicto con una acción localizada de castigo a los serbios. Al Kaiser le encantaba la idea, y probablemente Inglaterra y Francia no le harían ascos a una solución que no significara la guerra total, aunque los galos sabían que era una buena oportunidad para recuperar sus provincias perdidas en 1870. El gobierno del Primer Ministro Asquith, a través de su ministro de exteriores Sir. Edward Grey, había hecho una propuesta para una conferencia que alejara el espectro de la guerra el día 24 de julio, pero fue prontamente rechazada por los alemanes que seguían insistiendo en la quimera de un asunto regional. Un 31 de julio como hoy, pero hace 100 años, Bélgica ordenaba la movilización y Alemania ponía a sus ejércitos en estado de alerta (Kriegsgefahr).

 

Carta No.XIII

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora bien, a pesar de que el Plan Schlieffen estaba diseñado para tal eventualidad, la sombra de una guerra de dos frentes amenazaba con más fuerza tanto a Guillermo como al Jefe de su Estado Mayor, Helmuth von Moltke, y por ello el Kaiser decidió intentar por su cuenta convencer al Zar de no intervenir a favor de Serbia. Aprovechando que ambos monarcas eran primos y que en ocasiones se carteaban de un modo informal, hubo un intercambio de misivas entre Berlín y San Petersburgo en la víspera del estallido, las conocidas como “Cartas de Nicky a Willy”, por los nombres cariñosos que utilizaban entre sí Nicolás y Guillermo que, después de todo, eran primos. El primer telegrama llegó a manos del Kaiser en la madrugada del 29 de julio, horas después de que Austria declarara la guerra a Serbia:

Sa Majesté l’Empereur
Neues Palais

Me alegro de que estés de vuelta. En este momento tan serio, recurro a tu ayuda. Una guerra innoble ha sido declarada a un país débil. La indignación en Rusia, que comparto plenamente, es enorme. Anticipo que pronto me veré agobiado por la presión ejercida sobre mí y me veré forzado a tomar medidas extremas que nos llevarán a la Guerra. Para intentar evitar tal calamidad como lo sería una Guerra europea, te ruego en el nombre de nuestra vieja Amistad que hagas lo posible por detener a tus aliados antes de que lleguen demasiado lejos.

Nicky

Casi al mismo tiempo (ambos telegramas se cruzaron), Guillermo enviaba a su vez otro telegrama a su primo:

28 Julio de 1914.

Escucho con gran preocupación la impresión que las acciones de Austria contra Serbia está teniendo tu país.

La agitación sin escrúpulos que durante años se viene observando en Serbia, ha resultado en un crimen indignante, del cual cayó víctima el archiduque Francisco Fernando. El espíritu que llevó a los serbios a asesinar a su propio rey y a su esposa aún domina a ese país.

Sin duda estarás de acuerdo conmigo en que tú y yo, ambos, y el resto de soberanos, tenemos un interés común en insistir en que las personas moralmente responsables de ese crimen cobarde reciban su castigo merecido. En este caso, la política no tiene nada que ver.

Por otra parte, entiendo perfectamente lo difícil que es para ti y tu gobierno enfrentarse al vendaval de la opinión pública. Por ello, basado en la cariñosa amistad que nos ha unido durante tanto tiempo con lazos firmes, estoy ejerciendo toda mi influencia para inducir a los austriacos a negociar para llegar a un entendimiento satisfactorio contigo. Espero y confío en que tú me ayudarás en este esfuerzo para suavizar las dificultades que puedan surgir.

Tu muy sincero y devoto amigo y primo.

Willy

 

Nicky y Willy

 

Unas horas después, cuando llegó el primer telegrama del Zar, Guillermo volvió a escribirle:

Berlín, 29 Julio de 1914.

He recibido tu telegrama y comparto tus deseos de que se mantenga la paz. Pero como te decía en mi primer telegrama, no puedo considerar la acción de Austria como una guerrainnoble”. Austria sabe por experiencia que las promesas serbias en papel no son en absoluto fidedignas. Entiendo que dicha acción debe ser juzgada como un intento de obtener las garantías de que las promesas serbias se conviertan en hechos. Este es mi razonamiento, nacido de la declaración del gabinete austriaco de que no quiere hacer ninguna conquista territorial a costa de Serbia.

Por ello sugiero que sería posible que Rusia se mantuviese como un espectador del conflicto austro-serbio sin involucrar a Europa en la más horrible guerra jamás vista. Creo que un entendimiento entre tu gobierno y el de Viena es posible y aconsejable y, como ya te había dicho, mi gobierno continúa promoviéndolo.

Por supuesto que las medidas militares rusas serían vistas por Austria como la calamidad que ambos deseamos evitar y que pondría en peligro mi posición como mediador que he aceptado a petición tuya por nuestra amistad.

Willy

Esa misma noche, e ilusionado por la aparente colaboración de Guillermo, el Zar respondió con una nueva propuesta:

Palacio de la Corte de San Pedro, 29 Julio 1914

Muchas gracias por tu telegrama conciliador y amistoso. Por otra parte, el telegrama que tu embajador presentó a mi ministro llevaba un tono diferente. ¡Te ruego me expliques la diferencia! Sería adecuado enviar el problema austroserbio a la Conferencia de La Haya. Confío en tu saber y Amistad.

Tu querido Nicky

No sabemos si el Zar estaba al tanto, ingenuo para la política como era, pero su “querido primo” estaba jugando a dos bandas. Por una parte le escribía de manera pacificadora, y por otra firmaba las órdenes de movilización. Pero no se quedaba en ello. En su siguiente telegrama a San Petersburgo, Guillermo no dudó en trasladar la responsabilidad de la guerra a Rusia.

Berlín, 30. Julio de 1914

Muchas gracias por el telegrama. Es natural que el tono de mi embajador fuese contradictorio con el tenor del mío. El Conde Pourtalès fue instruido a llamar la atención de tu gobierno al peligro y las graves consecuencias de una movilización. Austria solo se ha movilizado contra Serbia y solo parte de su ejército. Si, como es el caso, de acuerdo con la información que recibo de ti y tu gobierno, Rusia se moviliza en contra de Austria, mi rol como mediador que tú amablemente has depositado en mí y que yo acepté como un ruego personal tuyo, estará en peligro, si no arruinado. Todo el peso de la decisión descansa ahora en tus hombros, y tendrán que cargar con la responsabilidad de Paz o Guerra.

Willy

Al día siguiente, las tropas alemanas se situaban en la zona cercana a la frontera rusa. Guillermo explicó al Zar en otro telegrama que, al igual que la movilización rusa, todavía no representaba guerra, y era simplemente un paso necesario dictado por su gobierno ante la amenaza. Nicolás respondió que entendía las necesidades alemanas de movilización, pero insistía en que ningún país dejara que pasaran de ahí, y que siguiesen buscando una salida pacífica al conflicto. Pero las cosas ya habían llegado demasiado lejos y la inmensa maquinaria de guerra era ya imparable. En un último telegrama, Guillermo inició con palabras moderadas, pero en el último párrafo dejó clara su actitud y sus intenciones:

Berlin, 1 August 1914

Gracias por tu telegrama. Ayer aclaré a tu gobierno la manera en la que la Guerra puede evitarse.

A pesar de que pedí una respuesta para el mediodía de hoy, no me ha llegado ningún telegrama de mi embajador con la respuesta. Por ello, me he visto obligado a movilizar mi ejército.

Una respuesta inmediata, afirmativa, inequívoca y clara es el único camino para evitar esta miseria interminable. Hasta que no reciba dicha respuesta, no puedo discutir el tema de tu telegrama. De hecho, debo pedirte que inmediatamente ordenes a tus tropas que por ningún motivo cometan el más mínimo acto de traspasar nuestras fronteras.

Willy

Como bien sabemos, los esfuerzos fueron en vano. Las hostilidades comenzarían al día siguiente en la frontera polaca. Los preparativos estaban hechos y las órdenes dadas, y ningún político podría o querría en el último momento detener sus planes militares, temiendo como estaban que el enemigo no hiciese lo mismo. La confianza, y no la verdad, es la primera víctima de la guerra.

 

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